La automatización llegó para mostrarnos muchas cosas, principalmente el valor de la experiencia. Sin repertorio y sensibilidad no hay forma de avanzar.
Buscar respuestas, soluciones, caminos y alternativas forma parte de la vida. Muchas veces nos demoramos, nos perdemos, damos vueltas. Buscamos lejos lo que, admirablemente, está muy cerca. No pocas veces, guardado dentro de nosotros, en las espirales de historias y repertorios que cada uno carga. La experiencia nos muestra eso, y no falla.
Ella, la experiencia, su valor e importancia, es prácticamente unánime. Es difícil encontrar a quien la menosprecie. Por eso, tal vez, sea uno de los buenos ejemplos de las incoherencias de la vida. Explico: si miramos a los liderazgos por encima de los 50 años, encontramos más resistencia a la contratación de estos profesionales; también reciben menos oportunidades y son más presionados a jubilarse cuando ocupan cargos de gerencia. ¿Por qué? Para abrir espacio a nuevos talentos. Esta no es una observación que hago solo por mi día a día; es lo que muestran las investigaciones.
El mundo cambió y el ejecutivo también
A lo largo de los 30 años de Dasein, pude observar más objeciones a candidatos mayores de 50 años, sobre todo en la gerencia media. En general, existe la expectativa de que el profesional que ocupe ese cargo siga creciendo y evolucionando con el tiempo. Ese deseo es natural por parte de la empresa -y no hay nada de malo en ello. Nuestro desafío es aclarar que los ejecutivos maduros tienen plena capacidad de desarrollarse y quieren crecer junto con la empresa. El ejecutivo sénior de hoy no está cerca (ni quiere) jubilarse como ocurría en décadas pasadas.
La capacidad de adaptarse y aprender no está relacionada con la edad, sino con la mentalidad y la disposición de cada individuo. Los profesionales maduros aportan una trayectoria que incluye resiliencia, pensamiento crítico y habilidad para lidiar con escenarios complejos, competencias fundamentales para integrar nuevas tecnologías de manera estratégica y eficaz. No se puede decir simplemente que las personas mayores tienen dificultad para adaptarse a las novedades, son resistentes a la tecnología y están desactualizadas: eso es un error.
Al excluirlos o presionarlos para que se aparten, las empresas pierden mucho más que experiencia: pierden inteligencia emocional, un repertorio amplio de vivencias, capacidad de tomar decisiones considerando múltiples escenarios y, especialmente, una visión estratégica, competencias esenciales para liderar en un mundo cada vez más complejo y automatizado.
Selección ejecutiva sin edadismo
Hace cerca de 10 años, cuando el término "edadismo" aún era poco difundido, realizamos acciones de comunicación llamando la atención sobre el tema, con base en nuestras selecciones ejecutivas y en la propia Dasein, formada por consultores de diversas edades, incluyendo, por supuesto, profesionales mayores de 50 años. Sabemos que la discriminación por edad siempre existió y, por lo general, ocurría de forma velada. Necesitábamos poner este asunto sobre la mesa y eso fue lo que hicimos. Desde temprano adoptamos una postura clara contra el edadismo porque entendemos que la madurez trae una riqueza única, que no puede ser sustituida por la edad o por modas. Talento, capacidad de adaptación y liderazgo no tienen fecha de vencimiento.
Esa visión nos llevó a incorporar en nuestros procesos evaluaciones que valoran competencias y actitudes, independientemente de la edad, y a apoyar a las empresas en la construcción de equipos diversos, donde el equilibrio entre juventud y experiencia genera resultados más robustos y sostenibles.
Lo mejor de la humanidad y de la automatización
En un futuro cercano, fuertemente impactado por la inteligencia artificial, el valor de la experiencia humana, del repertorio y de la sensibilidad será aún más esencial. En ese sentido, crear culturas y ambientes que promuevan el encuentro de esos saberes, uniendo lo mejor de la humanidad con lo mejor de la automatización, es lo que diferenciará a las empresas.
En Dasein entendemos que la clave está en la diversidad de pensamientos y de generaciones; en incentivar el aprendizaje colaborativo y los intercambios, donde diferentes habilidades y visiones de mundo se complementan. Las enormes posibilidades de la automatización no son obstáculos; son herramientas que pueden ser dominadas y potenciadas por cualquier profesional dispuesto a actualizarse, independientemente de la edad.
Por lo tanto, en lugar de reforzar prejuicios, las empresas deben invertir en desarrollo, inclusión y en derribar mitos sobre la edad. Así evitan el riesgo de perder talentos valiosos y garantizan equipos más preparados para enfrentar los desafíos de la transformación digital de manera sostenible y humanizada.
Casos reales muestran el valor de la experiencia
Al frente de Dasein, tuve la oportunidad de acompañar innumerables ejemplos que comprueban el valor incomparable de los líderes mayores de 50 años -historias que sin duda pueden inspirar a toda la comunidad ejecutiva.
Un caso destacado fue cuando asesoramos a una gran empresa del sector tecnológico en la contratación de un ejecutivo de más de 55 años para liderar un área estratégica de innovación. Aunque el mercado estaba enfocado en perfiles más jóvenes, la experiencia y la visión amplia de ese líder fueron determinantes para implementar cambios profundos, integrar equipos multidisciplinarios y llevar a la empresa a nuevos niveles de competitividad.
También hubo una short list en la que enviamos todos los finalistas en la franja de los 50 años. La empresa, del sector minero, necesitaba impulsar el área de desarrollo estratégico y optó por entrevistar a todos los profesionales de esa edad que tenían doctorado completo.
Destaco además la contratación de un profesional de 70 años para el cargo de director general de una empresa mediana del segmento tecnológico. Es una situación rarísima, pero sirve de ejemplo para muchos: hace seis años el ejecutivo sigue en la empresa obteniendo excelentes resultados.
Estas y tantas otras lideranzas mayores de 50 años que no mencioné aquí actúan también como mentores dentro de las organizaciones, promoviendo el desarrollo de talentos más jóvenes y fomentando una cultura de colaboración y aprendizaje. Estos ejecutivos no solo aportaron estabilidad y seguridad en momentos de crisis, sino que fueron esenciales para preservar la cultura de la empresa mientras impulsaban la transformación digital.
Es importante resaltar que vivimos situaciones en las que el compromiso y la ética de estos profesionales más experimentados fueron fundamentales para fortalecer la gobernanza y la responsabilidad social de las empresas, agregando valor mucho más allá de los resultados financieros.
Estos y muchos otros casos muestran que invertir en líderes mayores de 50 años no es solo una cuestión de justicia o diversidad: es una estrategia inteligente que combina experiencia, sabiduría y capacidad de adaptación, resultando en equipos más robustos, innovadores y preparados para los desafíos del presente y del futuro.
¿Cómo hacer que la diversidad suceda?
Primero, es esencial promover la valorización de la diversidad generacional en su conjunto, mostrando que equipos equilibrados entre distintas franjas etarias generan más innovación, creatividad y mejores resultados. Como mentora de liderazgos y empresas, veo cuán urgente es desconstruir mitos que asocian edad con incapacidad, resistencia a la innovación o menor productividad. Esto exige un trabajo constante de concientización, basado en datos, ejemplos reales e historias de éxito que evidencien el valor de los profesionales más experimentados.
También es importante invertir en programas de desarrollo continuo que atiendan las necesidades específicas de esta franja etaria, reforzando la idea de que el aprendizaje y la adaptación son para toda la vida y no exclusivos de los más jóvenes. Capacitaciones enfocadas en nuevas tecnologías, mentoring inverso (donde los más jóvenes también enseñan a los más experimentados) y acciones que promuevan el intercambio de conocimiento entre generaciones ayudan a derribar mitos y construir puentes.
Sumado a esas dos acciones, comunica. Invierte en comunicación transparente y constante, interna y externamente. Difunde los casos de éxito, los impactos positivos y las contribuciones valiosas de estos profesionales en las organizaciones. Esa es una forma de reforzar el mensaje y sirve como inspiración para gestores, equipos y para la sociedad.